Luis Gustavo Ramírez M. Renshi
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Un timón sin capitán

Fecha: 2017-09-14
Categoría: Siguiendo al Señor
By: Luis Gustavo Ramírez M.
Un timón sin capitán

Antiguamente el mar era no solo una de las principales vías de comercio y turismo entre los países sino también donde se establecían pactos  importantísimos  que definían la supremacía de imperios y gobiernos. Las aguas también constituían el  campo de batalla donde piratas y corsarios sustraían la mercadería  y  las armas que llevaban las naves mercantes y los barcos de guerra para sus propósitos de espionaje, ataque, robo y terrorismo que Ingresaba luego a través de  las diferentes costas e islas del mundo.

La estrategia marítima más empleada en la guerra era que las naves viajaran  con la bandera de conveniencia según las aguas donde se encontraban (un camuflaje)  y cuando estaban cerca del barco a atacar cambiaban la bandera de su imperio, la bandera pirata que tenía dibujada  una calavera y dos tibias (hueso que llamamos espinilla) o la de los aliados.

Ya cerca de la nave enemiga se alineaban para  atacar con cañones, enviando fuego y los hombres valiéndose de cuerdas atadas a los mástiles  abordaban el banco contrario para adentrarse en una lucha a muerte con el otro bando.

La parte más importante de esta maniobra estaba en dirigir con precisión el timón del barco para llegar al objetivo, viajar cuidadosamente y a la hora de la verdad   alinearlo para el ataque; si quien dirigía el timón fallaba en el momento crucial la derrota era absoluta y ello podía significar la muerte de toda la tripulación,  era generalmente el oficial de más experiencia en este campo: el timonel,  a quien se le confiaba el trabajo.

En nuestra vida estas batallas, encuentros,  ataques y alcance de objetivos son de todos los días. Compartimos con nuestro conyugue, nuestra familia, seres queridos, compañeros de trabajo, clientes, vendedores, jefes y otras personas. Así  la forma en la que hablamos, lo que decimos, lo que nos reservamos decir, el tono de nuestra voz y el dominio de nuestra lengua  hace la diferencia entre una comunicación asertiva y  logro adecuado de nuestros objetivos o bien  un fracaso o derrota; porque a veces no sabemos ni pedirle a Dios;  ¿cómo?   Pues sí; por esa razón dice el apóstol Santiago que “no recibimos porque no sabemos pedir;  porque pedimos mal” (Santiago: 4: 2 y 3).

Muchos se esfuerzan por alcanzar una profesión, riqueza, dinero, casas, medios de transporte, fama; en fin todo el equipaje; esto es equivalente a la mercadería y armas que trasporta su propio barco, sin embargo dejan  su propio timón;  que es su propia lengua al garete.

A veces por no dominar este pequeño timón decimos cosas insensatas, ofendemos a la gente, cansamos con nuestras quejas y declaramos sobre nuestras vidas y las vidas de otro  amarguras, enfermedades y males. Por no hacer silencio perdemos la oportunidad de un buen puesto, por no controlar la lengua dejamos que nos gobierne un espíritu de murmuración que destroza la vida de otras personas sin que tengamos derecho de hacerlo pues  nuestra vida y la vida de los otros solo pertenece a Dios. Con nuestra lengua juzgamos, engañamos y por si fuera poco caemos en trampas de hombres que usan artimañas o nuestros mismos errores para engañarnos.

En la actualidad, como un atentado,  nuestra lengua tiene dos asistentes: el internet y el correo electrónico en el que escribimos cosas que pueden perjudicarnos, si usted no contesta lo comprometen, si usted renuncia tratan de seducirlo o endulzarlo con astucia para luego abordarlo y saquearlo como hacían los antiguos piratas. 

La única forma mis queridos hermanos y  hermanas es refrenar la lengua, pensar lo que se va a decir y antes de pensar tenemos que consultar la ayuda del Espíritu Santo a quien  se debe buscar en el silencio, en la soledad, ahí donde nadie nos interrumpa; preguntarle a él; para que sea él quien dirija nuestro timón y aprendamos a hablar correctamente o a callar para que sea Dios quien haga la obra. 

No es por casualidad que Nuestro Dios nos instruye en Proverbios 21:23 “El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias” 

La palabra es tan pero tan  importante que Dios a través de Su Santa Palabra creó el Universo y todo lo que en él habita; por la palabra  creó al ser humano, por la palabra habló a sus profetas y dio Luz;   por la palabra  nosotros debemos bendecir, por la palabra alabamos a Dios Todopoderoso y por la palabra confesamos que Jesús es el Señor de nuestras vidas.

 

Piensa bien: ¿quién es el capitán de tu timón: Dios, tú  o tus emociones?

 

Un abrazo. Que Dios te bendiga.

 

Escrito por:

Luis Gustavo Ramírez. Renshi

Senseiluisgustavo@hotmail.com