Luis Palau
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Ora grandes oraciones

Fecha: 2011-08-23
Categoría:
By: admin
Ora grandes oraciones

Hace muchos años en la revista Time leí un articulo sobre la asombrosa invención de la televisión, y me puse a soñar en cómo podría usarse para transmitir el evangelio a literalmente cientos de millones de personas.
Fue muy pequeña mi imaginación en cuanto a cuan efectiva podría ser esta herramienta en nuestras cruzadas de evangelismo.

Hoy día, a menudo hacemos los arreglos necesarios para una hora de transmisión después de cada noche de campana. Instamos a los televidentes a llamar al estudio de TV y conversar con nosotros sobre sus problemas, que con frecuencia incluyen alcoholismo, divorcio, inmoralidad y conflictos entre padres e hijos. Muchos de los que nos llaman por teléfono deciden entregar sus vidas a Cristo mientras aun estamos en el aire.
Un amigo mío, rico y con mucho amor al Señor, está entusiasmado con la posibilidad de alcanzar a la gente a través de la televisión. En muchas oportunidades me ha dicho: "Luis, cada vez que tengas una campaña evangelíslica, pagaré una noche de televisión. Y si puedo pagaré dos o tres noches."

Es muy grato tener amigos así. Este caballero es un hombre extraordinario. Pero, para ser honesto, debo confesar que me cuesta bastante llamarlo. ASÍ que de vez en cuando es él quien me llama: "Luis, no me has llamado; ¿acaso no tienen cruzadas? ¿No necesitas dinero?" Bueno, por supuesto que tenemos cruzadas, y por supuesto que necesitamos dinero para transmitir el evangelio por televisión, Pero sin embargo vacilo mucho en llamarlo.
Nosotros también somos así con el Señor. Y él no nos dice que simplemente soñemos grandes sueños y planeemos grandes planes. Dios agrega; 'Ustedes podrán pedir al Padre cualquier cosa en mi nombre, y yo se la concederé para que el Padre se enaltezca en las obras que he de hacer a través de ustedes. Sí, pidan cualquier cosa en mi nombre, y se la concederé" (Juan 14:13,14).

El Señor desea que pidamos todo en su nombre. ¡Todas las cosas! No lo dice una sola vez. síno dos: "Miren, voy a repetirlo para que les quede bien en claro. Anímense a orar grandes oraciones, y luego observen cómo lo hago realidad."

Como sucede con otras promesas en las Escrituras, ésta tiene una condición: "Podrán pedir al Padre cualquier cosa en mi nombre, y yo se la concederé" y noten estas palabras, "para que el Padre se enaltezca en las obras que he de hacer a través de ustedes. " Esa es la clave, Si nuestro ruego es que el Padre sea glorificado y enaltecido, el Señor nos contestará; Por esa razón, cuando oramos por las oportunidades para predicar a Cristo y por los recursos necesarios, podemos estar seguros de que Dios no nos va a decepcionar. El se deleita en contestar nuestras peticiones.

 

Cuando Esteban, mi hijo menor, tenía sólo seis años, siempre me peda cientos de cosas como suele suceder con niños de esa edad. Y sus pedidos a veces eran cosas inverosímiles, pero a mí me encantaba que viniera y me hiciera peticiones. Por regla general, si lo que Esteban solicitaba estaba dentro de mis posibilidades yo se lo daba. Después de todo es mi hijo.

Nuestro Padre celestial también desea que nos lleguemos a él con nuestras peticiones. El se deleita en respondernos. Cristo lo expresó muy claramente cuando dijo: "Y si vi hombre de corazón endurecido sólo da buenas cosas a sus hijos, ¿no crees que tu Padre que está en los cielos dará aun mejores cosas a los que se las pidan? " (Mateo 7:11).

"Haré todo lo que pidan ..." En mi vida muchas veces he rechazado esa promesa. Uno de mis primeros pedidos fue una moneda para poder tomar el ómnibus que me llevara al trabajo. Eso sucedió en Argentina. Dios no hizo caer una moneda del cielo. Pero permitió que viajara al trabajo de una manera totalmente fuera de lo común.

Dios ha continuado contestando muchas oraciones, oraciones por decisiones importantes, por tremendas necesidades, por seguridad, personalel, por sabiduría ... y las respuestas de Dios a esas oraciones han dado como resultado una fe renovada y en aumento.
Hace varios años, mientras organizábamos una cruzada en Nicaragua, Dios demostró que estaba deseoso de responder nuestras más grandes oraciones. Al comienzo el presupuesto para el esfuerzo de evangelismo masivo solo permitía una limitada cobertura radial de las reuniones, pero el plan se amplió y pensamos en una red satélite que alcanzaría por radio a 20 países de habla hispana. Luego alguien sugirió: "¿Por qué no usar también la televisión? ¡Cubramos todo el continente!

Comprendimos entonces que ante la magnitud de esa visión—alcanzar de una sola vez con el evangelio a 200 millones de hispanohablantes—y el de las implicaciones de lo que podría costar, en un mismo sentir debíamos arrodillamos ante el Señor.

Oramos encomendando a Dios la gigantesca empresa, y le pedimos que proveyera el dinero necesario. Dijimos AMEN, convencidos de que él supliré todo.

¡Y lo hizo! Cuando llegaron las cuentas y concluyó toda la contabilidad, había entrado prácticamente hasta d ultimo centavo de los 200.000 dólares que se requerían.
Un año después nuevamente ampliamos nuestra visión para el evangelismo, y le pedimos al Señor medio millón de dólares. Parecía ridículo que unos pocos misioneros osáramos pedir esa cantidad de dinero. A pesar de todo, creíamos que el Señor iba a proveer.
Pero pensé más detenidamente. Por cierto que seguía deseando que el Señor supliera nuestras necesidades financieras, pero no podía tomar tan literalmente las palabras de Juan 14:13-14,y decir: "Señor Jesús, tú prometiste dar todo lo que pidamos en tu nombre, por lo tanto te pido 500.000 dólares".

Así que comencé a "venderle" nuestra visión a Dios. La reduje un poco, diciendo: "Señor, necesitaríamos 20.000 dólares este mes porque tenemos la cruzada en México; y el mes próximo vamos a necesitar ..." De pronto me di cuenta de lo que estaba naciendo y me dije: " ¡Qué ridículo! El Señor conoce todos nuestros planes. No es ninguna novedad para él cuando le digo que necesitamos medio millón de dólares".

Cristo dijo: "Pidan cualquier cosa en mi nombre, y se la concederé." ¡Cualquier cosa que pidamos! El no nos dice que tenemos que convencerlo tratando de venderle nuestra idea para que así nos dé lo que pedimos. Simplemente dice "¡pidan!".