Charles Spurgeon
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El olivo fiel

Fecha: 2010-09-28
Categoría: Bosquejos de Sermones
By: admin

«Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honrará a Dios y a los
hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?» (Jueces 9: 9).
Los árboles, según esta parábola, estaban bajo el gobierno de Dios y no querían rey; pero se
rebelaron y salieron de su verdadero lugar, buscando, al igual que los hombres caídos, hacer su
propia voluntad y tener un rey. Al rebelarse buscaron ganar a su partido a aquellos árboles
mejores que habían quedado fieles.
I. LAS VERDADERAS PROMOCIONES NO DEBEN SER ARREBATADAS.
La pregunta en tales casos es: ¿En qué consiste mi deber? El énfasis tiene que ser puesto en mi
deber. Si Dios me ha dado peculiares dotes o alguna gracia especial, ¿tengo que jugar con estos
dotes, tengo que abandonarlos para ganar honores en mi favor? (Neh. 6:11).
Una posición más alta siempre parece deseable, pero ¿es justo obtenerla a cualquier precio? (Jer.
45:5).
¿Puedo yo esperar la bendición divina sobre esta extrafía obra? Ponga la pregunta en los casos de
riqueza, honor, poder que se nos presentan. ¿Tengo que arrebatarlos a riesgo de perder la paz, ser
menos santo, tener menos oportunidad de orar o venir a ser menos útil?
II. LAS VENTAJAS ACTUALES NO TIENEN QUE SER DESDEÑADAS.
La mayor ventaja en esta vida es ser útiles, tanto a Dios como a los hombres. «Con el cual honro
a Dios y a los hombres», dijo la oliva. Nosotros debemos apreciar de todo corazón este alto
privilegio.
Debemos también hacer frente a las tentaciones con la reflexión siguiente:
¿Que la propuesta es tentadora? «Sí; pero ¿debo por ello dejar mi grosura?» Para un olivo
esto sería antinatural; para un creyente dejar la grosura de la vida santa sería mucho peor
(Juan 6:68).
Que las consecuencias serían terribles. ¿Qué sería para nosotros dejar la gracia, la verdad,
la santidad y a Cristo? Recordad a Judas.
Que terminaría todo en un desengaño, pues nada puede compensar el dejar el Señor.
Todo lo demás es muerte (Jeremías 17:13).
III. LA TENTACIÓN TIENE QUE SER SOPESADA.
Debemos arraigarnos más fuertemente. La mera proposición de dejar nuestra gordura espiritual
debe hacernos aferrar más a ella.
Debemos mostramos tan contentos, y hablar con tanto entusiasmo de nuestro estado de gracia,
que nadie se atreva a tentarnos. Cuando Satanás nos ve felizmente establecidos en nuestra fe,
tendrá que dejar toda esperanza de derribarnos.
Muchos, para obtener un salario más alto, han dejado compañerismos santos y preciosas
oportunidades de escuchar la Palabra de Dios y crecer en la gracia. Tales personas son tan
insensatas como lo serían los indios que dieron su oro a los españoles a cambio de pedazos de
espejo. Las riquezas obtenidas mediante empobrecimiento del alma son siempre una maldición.
Aumentar vuestro negocio de modo que no podáis asistir a los cultos de entre semana es haceros
más pobres; dar los tesoros del cielo y recibir cuidados terrenos es una mala permuta. Jorge
Herbert.