Charles Spurgeon
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Asiéndose al altar

Fecha: 2010-10-21
Categoría: Bosquejos de Sermones
By: admin

«... Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar... Y entró Benaía
al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí
moriré... » (1º Rey. 2:28-30).

Joab sabía muy poco de religión; sin embargo, huye al altar cuando la espada le persigue.
Muchos están corriendo al altar, por el uso de prácticas externas, cuando la muerte les amenaza;

entonces suelen hacer más cosas que las que dice la Escritura; sin embargo, lo que necesitan es,
no solamente ir al altar del Señor, sino asirse a él.
I. EL RECURRIR A LAS ORDENANZAS EXTERIORES NO SIRVE PARA LA
SALVACIÓN.

 Si un hombre confía en ritos externos, morirá allí.
 Los sacramentos, tanto en salud como en enfermedad, no sirven como medios de
salvación; han sido puestos tan sólo para los que ya son salvos, y son más bien
perjudiciales a los otros (1ª Cor. 11:29).

 A los ministros. Estos son mirados por algunas personas moribundas con insensata
reverencia. A la hora de la muerte recurren a ellos para que hagan oraciones al lado de su
cama. Se concede excesiva importancia a los sermones funerarios y a las ceremonias,
¡todo ello es pura superstición!

 A los sentimientos. El temor, la esperanza, el desaliento y el gozo se alternan en las
personas moribundas como señales de salvación; pero todos ellos son fútiles.

 ¡Qué cosa tan terrible es perecer con las manos puestas en el altar de Dios!

II. EL RECURSO ESPIRITUAL AL VERDADERO ALTAR ES EFICAZ PARA LA
SALVACIÓN.
Usaremos el caso de Joab como ilustración.
1. Su acto: «se cogió a los cuernos del altar»
 Nosotros hacemos esto espiritualmente huyendo de la espada de la justicia
al unirnos a la persona de Cristo, y al aceptar su gran obra redentora,
uniéndonos de este modo por la fe a su Redención.

2. La fiera demanda de su adversario. As! dice el rey: «¡Sal fuera!» Esta es la demanda de
los fariseos incrédulos que enseñan la salvación por las obras.
 La conciencia acusadora dentro del propio hombre, Satanás, citando
falsamente la Sagrada Escritura.

3. La desesperada resolución de Joab: «No, sino que aquí moriré.»
 Esta es una sabia resolución, pues nosotros: Tenemos que morir en alguna
parte.
 No podemos empeorar nuestro caso uniéndonos a Cristo. No hay otro
recurso que asirnos a El. No hay otra justicia ni otro sacrificio redentor.
 No podemos ser arrastrados fuera si nos asimos de Jesús.
 Recibirnos esperanza ante el hecho de que nadie ha perecido allí.

4. La segura promesa. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna» (Juan 3:36). Si alguno
pereciese confiando en Jesús su ruina significaría:
 La derrota de Dios.
 El deshonor de Cristo.
 Desaliento para los pecadores que van a Jesús.
 Desaliento para los santos, haciéndoles dudar de todas sus promesas.
 Desengaño para los mismos glorificados que ya están en el cielo, de los
cuales nos dice Jesús que se gozan por las almas arrepentidas, y en tal caso
verían que estaban equivocados.
 Venid, pues, en seguida al Señor Jesús y asíos de la vida eterna.
 Podéis venir: El os invita.
 Debéis venir; El os lo manda.
 Debéis venir «ahora», pues «ahora» es el tiempo aceptable.

Cuando una persona sedienta va a un pozo, su sed no es apagada meramente por el hecho de ir;
por el contrario, se acrecienta en cada paso que da; es tan sólo por lo que saca del pozo que su
sed queda satisfecha. Del mismo modo, no es por el simple ejercicio corporal de esperar en las
ordenanzas que tendrás la paz, sino probando a Jesús en las ordenan7as, cuya carne es verdadera
comida y cuya sangre es verdadera bebida. - Mc Cheyne.

El piloto se acerca al puerto con satisfacción, con la gorra en su mano. Un médico se deleita en
que le confíen casos difíciles. Un ahogado está contento cuando ha presentado su brillante
discurso ante el tribunal y obtiene un veredicto favorable.

Del mismo modo, Jesús está gozoso
cuando se le utiliza. Jesús desea bendecir y, por lo tanto, dice a cada pecador, como lo dijo a la
mujer samaritana: «Dame de beber.» ¡Oh, pensar que podemos satisfacer la sed del Redentor!
¡Pobre pecador, apresúrate a hacerlo!