@charles-spurgeon
Medias Tintas
«... No temiendo al Señor.» «Temían a Jehová y honraban a sus dioses...» «Hasta hoy hacen
como antes, ni temen al Señor» (2º Rey. 17:25, 33, 34).
Hay necesidad de advertencia acerca de lo falso, así como exhortación a lo verdadero. La
conversión, que es un cambio divino, es imitada, y lo espúreo aparece bajo etiqueta de
verdadero. Esto responde al propósito del maligno en muchas formas: Alivia la conciencia de los
que tienen una mente doble el adulterio de la iglesia, perjudica su testimonio y deshonra la
verdadera religión.
I. SU PRIMIR ESTADO. «Ellos no temieron al Señor.»
1. Tenían poca religión, o ninguna.
2. Pero estaban cerca de gente que temía a Dios, y cerca del rey Ezequías, bajo el cual había
tenido lugar un despertamiento. Esta influencia creó mucha religiosidad.
III. SU VERGONZOSA CONVERSIÓN. «Ellos temieron al Señor.»
1. Fueron llevados a este paso tan solamente por el temor; los ¿eones" se volvieron
evangelistas, y sus dientes fueron agudos argumentos.
2. Fueron instruidos por un sacerdote infiel; uno de aquellos que había practicado el culto a
un becerro, y fallaron en cuanto a reprenderle por su amor a los dioses falsos. Estas
personas son muy peligrosas.
3. Su conversión era radicalmente defectuosa a causa de que:
No había habido arrepentimiento.
No se ofrecía sacrificio expiatorio sobre el altar de Dios. Los falsos dioses
no fueron quitados (vers. 29); mientras el pecado reina la gracia está -
ausente. No rindieron obediencia a Dios.
Aun su adoración era adoración a su capricho. «Temieron al Señor y
sirvieron a sus propios dioses» Una distinción muy significativa.
Al borracho religioso, vedle llorar, oldle hablar; tiene temor de Dios, pero
sirve a Baco.
Lo santo es escarnecido. Tiene «una fe salvadora».
III. SU ESTADO REAL. «Ellos no temían al Señor.»
1. No le temían como el único Dios
2. Obrando así demostraban que no eran suyos. Ved la historia posterior de aquellos
samaritanos en el libro de Nehemías.
En la conversión real debe haber:
Rompimiento de los ídolos. El pecado y el yo propio deben ser
abandonados.
Concentración. Nuestro único Dios debe ser adorado y servido.
