@charles-spurgeon
La lección del Arca
«Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas» (1º Crón. 13:8).
«Y David temió a Dios aquel día» (1º Crónicas 13:12).
«David, y los ancianos de Israel, y los capitanes de millares, fueron a traer el arca del pacto de
Jehová... con alegría» (1º Crón. 15:25).
Lo recto debe ser hecho de una manera recta o sería un fracaso. En este caso el fracaso fue una
cosa triste, pues Uza murió y el arca tuvo que ser guardada en casa de Obed-edom.
I. EL FALLO. Primer texto. 1º Crón. 13:8.
Había aquí grandes multitudes, pero las multitudes no aseguran la bendición.
Había pomposo cántico, arpas, trompetas, etc.; sin embargo, terminó en lloro. Las
grandes ceremonias no son garantía de gracia.
Había energía; thicieron alegrías delante de Dios con todas sus fuerzas».
No era una adoración triste y somnolienta, sino brillante y viva, y, sin embargo, todo ello
fue un fracaso.
No había sacrificio. Este fue un defecto fatal; pues ¿cómo podemos servir al Señor aparte
del sacrificio?
II. EL TEMOR. Segundo texto. 1º Crón. 13:12.
La terrible muerte de Uza causó gran temor. Del mismo modo el Señor mató a Nadab y a
Abiu por ofrecer fuego extraño, y a los hombres de Betsemes por mirar con curiosidad el
arca.
Su propio sentimiento de indignidad le hizo clamar: «¿Cómo traeré yo el arca de Dios a
mi casa?"
Algunos toman la santidad de Dios y lo estricto de sus leyes como una excusa para el
descuido y la depravación.
Otros, empero, son vencidos por un santo temor; y se detienen un poco hasta estar
preparados para el servicio santo.
III. EL GOZO. Tercer texto. 1º Crón. 15:25.
Dios bendijo a Obed-edom. Aquellas gentes humildes convivieron con Dios y, sin
embargo, no murieron.
La preparación debida fue hecha seriamente por David.
Se tuvo en consideración la mente del Señor (vers. 15).
Los sacerdotes estaban cada uno en su lugar. Los hombres y los métodos deben ser
regulados por Dios (versículo 14).
Fueron ofrecidos sacrificios (vers. 26). El grande y perfecto sacrificio siempre debe estar
al frente y en el primer lugar en todas nuestras actitudes y actividades.
El cumplir un deber santo de manera equivocada altera su naturaleza y lo convierte en pecado.
De aquí que «altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamiento de los impíos, son pecado»
(Prov. 21:4). Asimismo, la oración es contada como aullido sobre sus camas (Oseas 7:14). La
comunión indigna es contada como no participar de la mesa del Señor 1ª Cor. 11:20).
Si una casa es edificada con madera fuerte y buenas piedras, pero no tiene buenos fundamentos,
o sus paredes no están a plomo, sus habitantes pueden maldecir el día en que se pusieron bajo su
techo.
Los deberes realizados de una manera indigna no son sino una mitad del servicio que debemos al
Señor, y también la peor mitad. ---Thomas Boston.
