@charles-spurgeon
La Exaltacion de Ester ¿Alguien sabe para qué?
«¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4:14).
No malgastemos el tiempo en generalidades, sino vengamos al terreno personal. Podemos decir
con razón que cada iglesia cristiana, o cada individuo, tiene su tiempo señalado en el propósito
de la divina misericordia. Si la lámpara arde, aun cuando esté en un candelero de oro, no es
encendida para iluminarse a sí misma, sino para que ilumine a todos los que están en la casa.
Para que esto tenga lugar en nosotros son necesarias tres cosas.
I. LA PRIMERA CONDICIÓN ES «ESCUCHA».
1. Escucha una pregunta. ¿Separarás tus propios intereses de los de tu pueblo y tu Dios?
¿Te atreverás a decir «yo tengo que mirar por mi propia salvación, pero no ha de
pedírseme que trate de salvar a los demás? Si tienes tal espíritu no digo que serás
perdido, sino que estás ya perdido.
¡Oh profesante servidor de Dios, pastor, diácono o miembro particular de alguna
iglesia, tú perecerás si empiezas a vivir solamente para ti mismo!
2. Escucha lo que Dios puede hacer sin ti. Respiro y libertad dará Dios a su pueblo por otro
conducto, si no viene por nosotros. El gran propietario de la viña tendrá fruto al final del
año, y si algún árbol no lo produce lo cortará.
II. EL LLAMAMIENTO ACTUAL ES «CONSIDERA»
1. Considera por qué el Señor te ha traído al lugar donde estás. ¿Te has puesto tú allí tú
mismo? Si Dios es quien ha trazado tu vida, ¿lo ha hecho para que puedas entregarte a tu
propia complacencia?
Nosotros somos miembros de un cuerpo, y Dios obra con nosotros en este plan. No
bendice la mano por razón de la mano misma, sino por amor a todo el cuerpo. Sois
salvados para que podáis salvar; sois enseñados para que podáis enseñar.
2. Considera los talentos con los cuales has sido dotado para la obra del Señor. Te ha sido
otorgada alguna facultad para una cierta obra en la cual quizá nadie es tan apto como tú;
eres una llave para alguna cerradura a la que nadie puede adaptarse tan bien.
Que cada uno sienta que ha llegado a su pequeño reinado en la vida para
oportunidades como las que te rodean. Tú y tu obra se adaptan; Dios las ha
juntado, que ningún hombre las separe.
III. LA TERCERA CONDICIÓN ES «ASPIRA».
Levántate a la mayor altura posible. Cumple tu llamamiento en el más alto grado; haz, no
solamente aquello que estás seguro puedes hacer, sino desea algo que está todavía más arriba de
tus posibilidades. Dite a ti mismo:
« ¿Quién sabe?»
Quién sabe el límite de tus propias posibilidades para Dios. Aunque no seas nada más
que un cero el Señor puede hacer algo de ti. Pon un uno delante de un cero y será diez.
Pon dos o tres ceros dispuestos a servir al Señor, y si el Señor Jesús se pone delante,
serán decenas de millares.
En tiempos oscuros Dios enciende lámparas que desvanecen las tinieblas.
Cuando Luis Napoleón estaba encerrado en la fortaleza de Ham y todos ridiculizaban sus
insensatos propósitos de ser rey de Francia, se dijo a sí mismo: «¿Quién sabe? Soy el sobrino de
mi tío, y puedo todavía sentarme sobre el trono imperial.» Y así fue antes de que pasaran muchos
años. ¿Quién sabe? ¿Sabe alguien lo que Dios puede hacer para ti y por medio de ti? ¿Conoce
alguien las facultades que dormitan en tu seno?
Carga tu cañón con pedazos de roca o piedras del camino si no tienes nada más a mano, pon
suficiente pólvora y aplícale el fuego. Cuando no tengas nada más que arrojar al enemigo, ponte
en el cañón tú mismo.
Había un hombre que luchaba en la Casa de los comunes por lo que consideraba un gran
beneficio para los marinos, pero no podía hacerse escuchar. Por fin, rompiendo todas las reglas
de la etiqueta parlamentaria, se puso a gritar como un loco, y cuando todos pensaban que el
hombre iba a desmayarse o a morir, dijeron: «Tenemos que hacer algo», y así es como fue
aprobada la ley.
Un entusiasmo que te ponga fuera de ti mismo es poder para otros. No fracases por falta de
fervor. No te importe si las gentes piensan que estás loco. Cuando tú estés fuera de ti por la
inundación de tu celo barrerás toda oposición. Cuando parezcas fanáticamente loco o absorbido
por tu pasión para la gloria de Dios, la salvación de las almas, la difusión de la verdad y el bien
de las masas caídas, serás entonces, verdaderamente, el más cuerdo y el más poderoso.
