@charles-spurgeon
Lluvia y Gracia, comparadas
¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpagos y truenos, haciendo llover
sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no hay hombre, para saciar la tierra
desierta e inculta, y para hacer brotar la tierna hierba?» (Job 38:25-27).
Dios desafía al hombre a compararse con su Hacedor a un asunto tan vulgar como es el de la
lluvia. ¿Puede él crearla?
¿Puede enviar una lluvia al desierto y regar las tierras Solitarias que perecerían ante el ardiente
sol? No, el hombre no pensaría en hacer tal cosa. Los actos generosos vienen solamente del
Señor. Vamos a establecer un paralelo entre la gracia y la lluvia.
I. TAN SÓLO DIOS DA LLUVIA Y, ASIMISMO, LA GRACIA.
1. Dios dirige cada gota de lluvia y da a cada hojita de hierba su propia gota de
rocío; así da a cada creyente su porción de gracia.
2. Dios modera la fuerza de la lluvia para que no destroce ni rompa la hierba tierna.
La gracia viene asimismo de un modo suave; la convicción, la luz, etc., son
enviadas en conveniente medida.
3. Dios retiene la lluvia con su poder. Absolutamente de acuerdo con su bondad,
Dios da lluvia a la tierra o gracia a las almas.
II. LA LLUVIA CAE IRRESPECTIVAMENTE EN FAVOR DE TODOS LOS
HOMBRES: Y ASÍ ES LA GRACIA.
1. La gracia no espera la observación del hombre. Así, como la lluvia cae donde no hay
hombres, la gracia no busca publicidad.
2. Tampoco cooperación. «Como las lluvias sobre la tierra, las cuales no esperan a varón, ni
aguardan a hijos de hombres» (Miqueas 5:7).
3. Ni sus oraciones. La hierba no pide lluvia; sin embargo, ésta viene. «Fui hallado de los
que no me buscaban» (Isaías 65:1).
III. LA LLUVIA CAE DONDE MENOS PODIAMOS ESPERARLA.
1. Cae donde no hay traza de anteriores chubascos, aun sobre el desierto desolado. Así lo
hace la gracia, entra en los corazones que no habían sido bendecidos hasta entonces; la
necesidad es la única súplica que se levanta al cielo (Is. 35:7).
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2. Cae donde parece que no habrá recompensa para tal beneficio. Muchos corazones son
naturalmente tan estériles como el desierto (Is. 35:6).
3. Cae donde la necesidad parece insaciable; «para satisfacer a los desolados».
4. Algunos casos parecen necesitar un océano de gracia, pero el Señor satisface la necesidad
y su gracia cae donde el gozo y la gloria son totalmente dirigidos a Dios por corazones
agradecidos. Muchas veces se nos dice que la lluvia cae donde no está el hombre. Cuando
la conversión es obrada por el Señor no aparece ningún hombre; el Señor sólo es
exaltado.
IV. LA LLUVIA ES LO MÁS VALIOSO PARA LA VIDA.
1. La lluvia alegra las simientes y las plantas, en las cuales hay vida. La vida en ciernes la
recibe; la más tierna hoja se regocija en ella. Así es con aquellos que empiezan a
arrepentirse, que creen débilmente o son recién nacidos a la f e.
2. La lluvia causa desarrollo. La gracia perfecciona la gracia. Los brotes del sentimiento se
desarrollan en amor. Los brotes del deseo producen resoluciones. Los brotes de la
confesión se abren a manifestaciones abiertas. Los brotes de la utilidad se convierten en
fruto.
3. La lluvia causa salud y vigor vital. ¿No es así también con la gracia? La lluvia crea la flor
con su color y perfume que agrada a Dios. El pleno crecimiento de una naturaleza
renovada viene de la gracia, y el Señor es complacido por ella.
4. Reconozcamos la soberanía de Dios como gracia. Clamemos a El por gracia.
5. Esperemos que El la enviará, aunque nosotros nos sintamos tristemente estériles y fuera
del camino de los usuales medios de gracia.
¡Oh, cuán agradables son los efectos de la lluvia a las plantas que languidecen de sed, para
renovar su verdor y belleza, hacerles vivas y fuertes, fragantes y deliciosas! Así es el efecto de la
influencia de Cristo lo más deseable para cristianos de almas abiertas, para iluminación y
visitación, para confirmación y fortaleza, para darles apetito espiritual y satisfacerlo,
mandándoles y embelleciéndoles. - Juan Willison.
No seas para mí como nube sin lluvia, no sea que yo venga a ser para ti como árbol sin fruto. -
Spurstowe.
La hierba brota: el brote se abre, la hoja se extiende; las flores despiden su fragancia como si
estuvieran bajo el más cuidadoso cultivo. Todo esto debe ser obra de Dios, puesto que no puede
pretenderse que el hombre ha estado allí para producir tales efectos. Quizás uno sea más
profundamente estimulado con él por el sentimiento de la presencia de Dios en el desierto sin
sendero o en los bosques y praderas que jamás ha pisado el pie del hombre que en el más
espléndido parque cultivado por el arte humano. En el primer caso solamente puede verse la
mano de Dios. En el otro estamos constantemente admirando el arte humano y no nos fijamos
tanto en la maravilla de Dios manifestada en cada planta. - Albert Barnes.
