@charles-spurgeon
Aliento para los necesitados
«Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá
perpetuamente» (Salmo 9:18).
El valor práctico de un texto depende en mucho de la persona que lo escribió. El cántico del
trobador es atractivo para Ricardo Corazón de León, porque conocía los coros de respuesta. El
rastro significa mucho para los indios porque su ojo entrenado sabe cómo seguirlos, y no
significaría una décima parte para el hombre blanco. La visión de un faro es alentadora para el
marinero cuyo barco es llevado de un lado a otro. Así, los que son espiritualmente pobres y
necesitados pueden acogerse a esta promesa y vivir de acuerdo con su contenido.
I. EL NECESITADO NO SERÁ OLVIDADO PARA SIEMPRE.
1. «No para siempre será olvidado el menesteroso.» Quizás has sido
olvidado:
Por antiguos amigos y admiradores.
En arreglos hechos y planes proyectados sin consultarte. En juicios
formados y alabanzas distribuidas.
En el aprecio de ayuda dada.
Sea como sea, tú no has entrado en el cálculo. Has sido olvidado
como muerto. Esto te ha herido profundamente, pues hubo un
tiempo en que tú eras consultado entre los primeros.
No será siempre así.
2. «La esperanza de los pobres no perecerá para siempre.» Quizás has sido
desengañado:
En tu natural esperanza de justicia, gratitud, relación,
simpatía, caridad, etc.
En tu confianza en el hombre. En tu juicio de ti mismo.
En tu esperanza de la providencia.
Este contratiempo será sólo corporal. Tu esperanza no
perecerá para siempre, sino que recibirás más de lo que
habías esperado.
II DOS TRISTES TEMORES QUITADOS. TEMORES QUE TE HAN SIDO
SUGERIDOS DE UN MODO NATURAL POR LO QUE HAYAS EXPERIMENTADO.
1. No serás olvidado para siempre.
No serás olvidado al final.
En el día de severa tribulación.
En la noche del dolor y alarma por tu pecado.
A la hora de la muerte.
2. Ni tu esperanza perecerá. Tu flaqueza no frustrará el poder de Dios.
Tu pecado no secará ni agotará la gracia de Dios. Tus defectos constitucionales no
causarán la caída. Tus pruebas futuras no serán demasiado para ti.
IIII. DOS PROMESAS DULCES.
1. No serás olvidado para siempre. No serás dejado de lado:
En el tribunal de la misericordia ante el cual estás presentando tu plegaria.
Desde el púlpito, por la palabra, cuando tu alma está hambrienta.
En tus sufrimientos y servicio el pensar en el Señor será tu principal consuelo.
2. «Ni tu esperanza perecerá para siempre." No serás decepcionado:
La paz visitará tu corazón, tu pecado será vencido dentro y fuera.
Que el pobre se aliente y espere en Dios.
Que se alegre en el futuro si se encuentra que el presente es escaso. Sobre todo
que descanse en la promesa de un Dios fiel.
Preguntaron a un anciano cristiano cuando estaba en su lecho de muerte, en tal estado de
debilidad que a veces era completamente inconsciente de lo que le rodeaba, cuál era el secreto de
su perfecta paz. Al punto replicó: «Cuando soy capaz de pensar, pienso en Jesús, y cuando no
puedo pensar en El, pienso que El está pensando en mí.»
Hace más de treinta años, antes de que el Señor me llevara fuera de la casa de mi padre y de mi
lugar de nacimiento, puse una señal sobre este pasaje de Isaías: «Conocerás que yo soy el Señor
y no se avergüenzan los que esperan en AU» (cap. 49:23). De los muchos libros que ahora poseo,
la Biblia marcada en este lugar es la única cosa que tenía en aquel entonces, pues todavía la
tengo delante de mí. Y aun cuando el cabello que entonces tenía era negro como el cuervo y hoy
es blanco corno la plata, la intensidad de la tinta con que marqué este pasaje ha crecido en
intensidad, del mismo modo que ha crecido mi convicción de que «no serán avergonzados los
que esperan en EI». Lo creía entonces, pero ahora lo sé y puedo escribir: «Probatum est.» Con
todo mi corazón puedo testificar de la realidad de esta marca de mi antigua fe. Bajo muchas
circunstancias peligrosas, en muchos momentos de prueba, entre desfallecimientos por dentro y
temores por fuera, bajo torturas que destrozaban mi corazón y en tribulaciones que me
aplastaban, yo esperaba en El, y permanezco hasta este día como uno de los que no ha sido
avergonzado. - Dr. John Kitto.
