Charles Spurgeon
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La salvación es de Jehová

Fecha: 2010-12-09
Categoría: Bosquejos de Sermones
By: admin

«Pero la salvación de los justos es del Señor» (Salmo 37:39).
La salvación es un término muy amplio y describe toda la vida del verdadero creyente; toda
su experiencia, desde su pri mera conciencia de pecado y ruina hasta su entrada en la gloria. Los
creyentes sienten su necesidad de ser perpetuamente salvados de sí mismos, del pecado, de
Satanás y del mundo. Con fían en Dios para tal preservación y su fin es paz (vers. 37).

I. ESTA ES LA ESENCIA DE LA SANA DOCTRINA.
La salvación de los justos es del Señor; sí, del Dios Trino: Jehová Padre, Hijo y Espíritu
Santo:
1. En su planeamiento.
2. En su provisión.
3. En su principio.
4. En su realización.
5. En su consumación.

II. ES UN HECHO NECESARIO. Los santos lo reconocen, porque:
1. Sus conflictos interiores les dan a comprender que solamente Dios les puede obrar la
salvación. Ellos son demasiado débiles para salvarse a sí mismos.
2. Sus tentaciones externas les llevan a la misma conclusión. Son bien guardados aquellos a
quienes Dios guarda, pero nadie más. E1 odio del mundo les priva de toda esperanza en
este sentido. Dios es más grande que todo el mundo en armas.

III. ESTA ES UNA RAZÓN PARA LA HUMILDAD.
1. Despoja al justo de toda exaltación del yo, por el hecho de continuar en su integridad.
2. De toda censura y crítica indebida respecto a los caídos, pues ellos mismos habrían
fallado si Dios no los sostuviera.
3. De toda confianza propia en cuanto al futuro, puesto que su flaqueza es inherente y
permanente en ellos.
4. De toda gloria propia, aun en el cielo; puesto que en todas las cosas son deudores a la
gracia soberana.

IV. ES UN FRUCTIFERO TERRENO DE ESPERANZA.
1. Con referencia a nuestras propias dificultades; Dios puede siempre liberarnos.
2. Con referencia a nuestros hermanos probados; el Señor puede sostenerles, santificarles y
librarles.
3. Con referencia a los pecados. Ninguno de ellos puede ser demasiado degradado,
demasiado obstinado, ignorante o falso; Dios puede obrar la salvación aun del peor.
«La salvación es del Señor. Esto es el resumen de la historia de Jonás. Los marineros de aquella
nave podían haber escrito, en vez de la divisa de Castor y Pollux que acostumbraban a llevar las
naves romanas, la salvación es del Señor; los ninivitas podían igualmente haber grabado sobre
sus puertas: «la salvación es del Señor; y toda la población de Nínive, cuya causa es defendida
por Dios mismo en contra del corazón duro de Jonás, podía haber escrito en la palma de sus
manos: «la salvación es del Señora. Este es el argumento de ambos Testamentos, la regla de
apoyo del cielo y de la tierra, pues todo el Universo fallaría y se desquiciaría si no fuera porque
la salvación es del Señor. -- DR. KING, en un comentario sobre el libro de Jonás.

De esta manera los santos se apoderan del cielo, no por conquista, sino por herencia. Ganado por
otro brazo que el propio, ofrecen el más fuerte contraste imaginable con el espectáculo que tuvo
lugar en el palacio real de Inglaterra el día que un antiguo rey pidió a sus nobles reunidos por qué
títulos poseían sus tierras. ¡Qué títulos! Ante la atrevida pregunta un centenar de espadas salieron
de sus vainas y fueron levantadas, adelantándose hacia el asustado monarca. «Por éstas dijeron,
Nosotros las ganamos y por esto las conservaremos.»
¡Cuán diferente la escena en el cielo! Todos los ojos allí se vuelven a Jesús con miradas de amor
y gratitud que brilla de cada pecho y mueve cada cántico. Las arpas de oro elevan una armonía
de alabanza, y descendiendo de sus tronos los redimidos le rinden homenaje, poniendo sus
coronas en brillante montón ante los pies que fueron crucificados en el Calvario.
De esta escena aprendemos en qué nombre hay que buscar la salvación y en cuáles méritos poner
la esperanza. Con una fe en armonía con la alabanza que se le rinde en las Alturas, sea éste
nuestro lenguaje: «No a nosotros, oh Señor, sino a tu nombre da gloria». --- DR. THOMAS
GUTHRIE.

«Este torrente pronto se secará», dijo alguien. No respondió su compañero, pues fluye de una
fuente viva que nunca ha faltado, en verano ni en invierno.

Un hombre era reputado como muy rico por los que veían su lujosa casa, caballos y encargos,
pero había otros que juzgaban que su nombre pronto saldría en el diario de los deudores, pues no
tenía capital. «No hay nada detrás de él», dijo uno, y esto significaba mucho. El creyente tiene la
fuente más abundante y - ¡va para suplir todas sus necesidades.

Toda nuestra suficiencia es de Dios; ¿qué podemos temer?
Si la salvación fuera en parte del hombre, sería tan lamentable como aquellos pies de la
imagen de Nabucodonosor que eran en parte de hierro y en parte de tiesto; terminaría con un
quebrantamiento.

¡Si nuestra dependencia fuera en cierta medida sobre Jesús y en otra medida sobre nuestras
obras, nuestro fundamento sería en parte sobre la roca y en parte sobre la arena y toda la
estructura caería! ¡Oh, cuán bueno es comprender el pleno significado de las palabras! «La
salvación pertenece a Jehová.»

Solamente la experiencia puede inculcar esta verdad en las mentes de los hombres. Un hombre
natural es de tan orgullosa condición que podría estar al pie de un precipicio con todos los huesos
molidos a causa de su caída y, sin embargo, tener esperanza de salvarse. Montañas de pecados
amontonados sobre él, y, sin embargo, su propia confianza permanecería; el cúmulo de sus
transgresiones le cubriría, y, con todo, se movería confiando en sus propios esfuerzos, agitándose
en vano para librarse, como el gigante Cíclope cuando el Etna cayó sobre él. Aun cuando
quedáramos aplastados, cada partícula de nuestra vieja naturaleza nos engañaría; molidos como
polvo, cada grano de nuestro barro se mostraría pérfido en su orgullo. Sólo el Espíritu Santo
puede hacer que el hombre acepte la humillante frase: «la salvación pertenece al Señor».