@charles-spurgeon
Alabanza de los vivos
«No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio; pero nosotros bendeciremos
a JAH desde ahora y para siempre. ¡Aleluya! (Salmo 115:17, 18).
E1 Dios viviente debe ser adorado por gente viva; el Dios de bendición debe ser alabado por
gente bendita. Sea lo que sea que hagan los otros, nosotros debemos bendecir a Jehová. Cuando
nosotros le bendecimos, no debiéramos cejar hasta que otros hagan lo mismo. Debemos clamar:
"Bendecid al Señor.» Nuestro ejemplo y nuestra persuasión les hará levantarse a alabarle.
I. UN MEMORIAL DE DUELO. «Los muertos no alabarán al Señor, ni los que descienden
al silencio.» Esto nos recuerda:
1. Voces silenciosas en los coros de Sión. Hombres buenos y sinceros que nunca cantan
ni hablan ya entre nosotros de las cosas del Señor.
2. Nuestro propio silencio. En lo que a este mundo se refiere, pronto estaremos entre los
muertos y silenciosos.
3. De los incrédulos a nuestro alrededor. Viajan espiritualmente muertos y no pueden
alabar al Señor, como si fueran mudos.
II. UNA RESOLUCIÓN FELIZ. «Nosotros bendeciremos al Señora De todo corazón, con
nuestros cánticos, testimonio y acciones estamos decididos a dar al Señor nuestra amante
alabanza, porque:
1. Somos benditos del Señor; cómo no le bendeciremos a El?
2. El nos bendecirá. Más y más revelarán su amor a nosotros; alabémosle, pues, más y más;
sea nuestro firme propósito que bendeciremos al Señor, venga lo que venga.
III. UN PRINCIPIO APROPIADO. «Nosotros bendeciremos al Señor desde ahora»:
1. Cuando hemos sido espiritualmente renovados y confortados. Cuando la palabra
repetida cuatro veces en ese salmo -«bendeciré»- se hace real en nuestra experiencia
(vers. 12-14).
2. Cuando somos llevados a confesar a Cristo. Entonces debemos empezar la vida de
alabanza sin fin. El servicio y el canto deben ir juntos.
3. Cuando termina un año y empieza otro, el día de Año Nuevo; en los cumpleaños, cte.,
debemos bendecir al Señor, porque:
Los pecados del año han sido perdonados. Necesitamos ayuda para el año que empieza.
Debemos dar gracias por la misericordia del año que hemos disfrutado.
IV. ETERNA CONTINUIDAD. «Desde ahora y para siempre.»
1. La alabanza no debe ser suspendida por el cansancio. Renovaremos nuestra fortaleza si
bendecimos al Señor.
2. La caída final no la terminará; el Señor guarda nuestra alma en su camino y nos guiará
para que le alabemos todos nuestros días.
3. Ni siquiera la muerte interrumpirá nuestras alabanzas, sino que la elevará a un tono
más puro y pleno.
4. Ninguna supuesta calamidad nos privará de expresar nuestra gratitud a Dios. «El Señor
dio, y el Señor quitó; sea bendito el nombre del Señor» (Job 1:21).
La alabanza es la más alta función que cualquier criatura puede realizar. Los rabinos judíos
tienen una hermosa enseñanza, entre sus leyendas, acerca de los ángeles. Dicen que hay dos
clases de ángeles, los ángeles de servicio y los de alabanza. Y que de estas dos órdenes la última
es la más elevada. Dicen también que ningún ángel alaba a Dios dos veces, sino que cuando ha
elevado su voz en el cántico de los cielos, en la misma presencia de Dios, deja de ser. Ha sido un
ser perfecto, ha alcanzado la altura de su grandeza, ha realizado aquello para lo cual fue creado y
por esto se desvanece. Es evidente la falta de fundamento de esta leyenda; sin embargo, expresa
una ver dad solemne: «Que el principal objetivo de todo hombre y de toda ser creado es
glorificar a Dios». - DR. MacCLAREN.
Cuando nosotros bendecimos a Dios por sus misericordias, las prolongamos, y cuando le
bendecimos por sus calamidades, generalmente damos fin a ellas. Cuando llegamos al punto de
la alabanza, hemos cumplido el objetivo de una dispensación. La alabanza es un alma en flor, y
la secreta bendición del corazón al Señor es el fruto del alma. La alabanza es la miel de la vida
que el corazón devoto liba de la flor de cada bendición y gracia de la Providencia. Antes estar
muertos que estar sin alabanza, pues la alabanza es la corona de la vida.
