Charles Spurgeon
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Es gloria de Dios encubrir el pecado

Fecha: 2011-01-13
Categoría: Bosquejos de Sermones
By: admin

Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero la honra del rey es escudriñarlo
(Proverbios 25:2).
Cuando la justicia es burlada, la verdad falseada por bribones, abandonada por prejuicios o
hecha difícil por la falsedad, es en deshonor del rey y está obligado a escudriñar el asunto
hasta el fondo. E1 honor del magistrado consiste en descubrir el crimen, pero la gloria de Dios
es cubrir el pecado con justicia y ocultarlo de la vista.
Con Dios o para Dios no es necesaria la búsqueda, pues sus ojos lo ven todo. Su gloria es
cubrir lo que es bastante evidente a sus ojos, cubrir y justificar lo realizado.
I. ES GLORIA DE DIOS CUBRIR EL PECADO.
1. La culpa, con sus agravantes, motivos y engaños de toda una vida, Dios puede quitarla
para siempre mediante la sangre redentora.
E1 pecado, conocido y confesado, E1 puede cubrirlo de tal modo que no venga más en
memoria.
3. E1 puede hacer esto precisamente mediante la obra de
Jesús.
4. E1 puede hacer esto sin compensación alguna por parte
del ofensor: porque ya lo ha hecho el Sustituto.
5. Esto puede hacerlo Dios sin producir ninguna mala impresión en otros. Nadie puede
pensar que Dios pasa por alto el pecado al ver cómo lo castigó en la persona de Jesús.
II. MOTIVO DE GRAN ALIENTO PARA ALMAS ANSIOSAS.
1. No es necesario tratar de cubrir su propio pecado, puesto que es tarea divina ocultar sus
iniquidades; por tanto, pueden dejarlo enteramente a EL
2. Da gloria a Dios creer en su poder para quitar el pecado, con toda su criminalidad.
3. Creer que El está dispuesto a hacerlo, a su favor. En este mismo momento.
III. PODEROSO ESTÍMULO PARA LOS SANTOS.
1. Para glorificar a Dios que cubre su pecado. Debemos hablar del perdón con entusiasmo,
y decir cómo el Señor echa el pecado tras sus espaldas, lo arroja en lo profundo del mar,
lo borra enteramente y lo pone donde no puede ser encontrado. Jesús es el fin del
pecado.
2. Levantar en otros el deseo de ver cubiertos sus pecados, conduciéndoles a Jesús para que
sus almas sean salvas de la muerte.
Imitar al Señor olvidando los pecados de aquellos que se arrepienten. Tenemos que
olvidar para siempre cualquier ofensa que se nos ha hecho a nosotros mismos y tratar a
los convertidos como si nunca hubiesen faltado. Cuando vemos a un rijo pródigo
«traigamos el mejor vestido y vistámoslo, para que su desnudez sea cubierta y sus harapos
olvidados».
Venid y exponed todos vuestros pecados al Señor para que él pueda hacerlos desaparecer.

La señora Elizabeth Fry, célebre por sus labores entre las mujeres prisioneras de Newgate,
debió mucho de su éxito a la ternura con que las trataba. «Nunca les pregunté acerca de sus
crímenes, ya que todos hemos pecado», era su calmosa respuesta si algún curioso inquiría
acerca de los hechos de aquellas mujeres.