@charles-spurgeon
El temor del hombre quitado por la confianza de Dios
El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado (Proverbios
29:25).
Aquí tenemos un proverbio doble, cada parte del cual es verdad en sí mismo, y, puestas
juntas, nos proveen una completa enseñanza. El que teme al hombre está en gran peligro por esta
misma causa; el que confía en el Señor no tiene ninguna clase de peligro. Confiar en el Señor es
el gran antídoto contra el temor del hombre.
I. UN PELIGRO MUY COMÚN. «El temor del hombre pondrá lazos»
1. A veces conduce a los hombres a grandes pecados, manteniéndolos como pájaros
prendidos en una trampa. Aarón cedió al clamor popular e hizo un becerro de oro. Saúl
tuvo más cuidado de ser honrado por el pueblo que de agradar al Señor. Pilato temió que
se presentara una queja de él al César y por ello hizo traición a su conciencia. Pedro negó
a su Maestro por temor a una simple criada.
2. Mantiene a los hombres apartados de la conversión. Sus compañeros les ridiculizarían;
sus amigos se enojarían; podrían ser perseguidos; y así entran muchos en la categoría de
dos temerosos e incrédulos> que sufrirán condenación (Apoc. 21:8).
3. Impide a otros confesar su fe. Tratan de ir al cielo por una puerta escondida. Recordad
que dice: «Con la boca se confiesa para salvación» (Rom. 10:10).
4. Reduce la dignidad aun de hombres buenos. David era una pobre criatura ante Achis; y
aun Abraham, el padre de los creyentes, hizo un pobre papel cuando por temor negó que
Sara fuera su esposa.
5. Impide muchos deberes que requieren valor. Jonás no fue a Nínive por temor de ser
tomado como un falso profeta si Dios perdonaba la ciudad. Los predicadores de Galacia
se descarriaron a falsas doctrinas para ser considerados sabios, etc.
II. UNA PRECIOSA PROMESA. «El que confía en el Señor será exaltado.»
No es el pusilánime temor del hombre lo que exalta, sino la confianza infantil del creyente
en su Señor.
1. El que confía está libre de temor del hombre.
Dioses con nosotros; por lo tanto, somos fuertes y no necesitamos temer.
Estamos determinados, y no temeremos.
Oramos, y al hacerlo perdemos nuestro temor.
Nos preparamos para lo peor, y el temor se desvanece.
2. Después de todo, ¿qué hay que temer?, ¿qué puede el hombre hacernos? Si Dios es con
nosotros, nuestra seguridad es perfecta, continua y eterna, aun cuando toda la raza
humana nos asediara y persiguiera kRom. 8:31).
III. UNA GLORIOSA DOCTRINA. Consideremos el significado de la segunda frase: «El que
pone su confianza en el Señor será exaltado»:
Por encima de las mezquindades humanas. Por encima del poder del pecado.
Por encima de la fuerza de la tentación.
Por encima de los efectos perniciosos del temor. Por encima de la muerte, el infierno y todo
mal. ¿Temeremos como un gusano, o confiaremos en nuestro Dios?
Rompamos la trampa en que el temor nos ha cogido.
Entramos en el palacio de la exaltación y la honra por la puerta de la confianza.
El alma que no puede confiar enteramente en Dios, tanto si agrada o no a los hombres, no le será
fiel por mucho tiempo; cuando miras a los hombres estás perdiendo a Dios e impidiendo el
«El temor del hombreo ¡Qué terrible ídolo! Muchas almas han sido engañadas por él y
llevadas al infierno. Sus ojos están llenos de odio a los discípulos de Cristo; se mofa de ellos en
su cara; la risa del burlador suena en su garganta. ¡Arroja de ti semejante ídolo! El temor del
hombre impide a algunos la oración secreta; el adorar a Dios en familia; presentar un problema a
sus pastores; confesar abiertamente a Cristo. ¡Vosotros los que habéis sentido el amor del
Espíritu de Dios, haced pedazos a semejante ídolo! «¿Quién eres tú para que tengas temor del
hombre mortal?» «No temas, gusano de Jacob.» «¿Qué tengo yo que hacer con los ídolos?» -
Robert McCheyne.
Un fuego apaga al otro. Nada mata tan efectivamente el temor del hombre como la
abundancia del temor de Dios. La fe es una armadura para el alma y vestidos con ella los
hombres entran en lo más recio de la batalla sin temor de ser heridos. El temor del hombre mata
la conciencia; distrae la meditación; impide las actividades santas; cierra las bocas para que no
den testimonio, y paraliza el poder cristiano. Es un peligro astuto que algunos no perciben a
pesar de que estén ya prendidos en él.
