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La tiranía no pertenece al Reino de Dios, Jesús no te obligó a recibirle en tu vida, le sirves voluntariamente. El líder que recurre a la amenaza es un tirano y quienes trabajan para él son esclavos.
Líderes de la Iglesia: la tiranía no es bíblica. La Iglesia de Cristo tiene que marcar una diferencia, no se mezcla con el mundo, su líder es Jesús y es a quien tiene que seguir.
Estos líderes deben ejercer liderazgo a través del ejemplo, ser servidores y no a través de la manipulación, la amenaza; su dirección debe ser Jesucristo. Cuando el líder se desconecta de lo espiritual comienza a tener problemas.
El diablo puede tentarte y desviarte del propósito, por eso la Iglesia debe tener cuidado. No puedes acomodarte y acostumbrarte a la gloria, no puedes perder tu conexión con Jesús.
Dios no quiere que la Iglesia se acostumbre a la unción y el mover de su Espíritu Santo, ese sería un terreno muy peligroso, porque pierdes la bendición que tiene para ti a través de su Palabra dada en cada enseñanza.
Ahora el liderazgo de la Iglesia quiere títulos y no que le digan siervo de Jesús, porque lo consideran como una denominación de inferioridad. La Biblia se refiere a “siervos” como a los marcados por su Espíritu Santo. Dios no hace exclusión de personas.
Cuando Cristo murió en la cruz, lo hizo por todos. Dejemos los títulos a un lado y seamos siervos de Dios. El mayor título para un cristiano debe ser “siervo”, ese fue el otorgado a Jesús por Dios a través de Isaías en la Biblia. La clave del liderazgo está en servir a las personas.
Hechos 4: 29 “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”.
Pedro y Pablo estaban pidiendo más poder del cielo para continuar haciendo Su obra. Aunque habían hecho grandes milagros, sabían que sólo eran instrumentos y siervos de Dios.
Las personas que están conectadas con Dios tienen una frescura y eso los mantiene humildes, el orgullo no se entrona en su corazón.
Hechos 3:12 “Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?”
Cuando las personas vean el poder de Dios en ti, recuérdales que no eres tú, sólo eres un vaso de barro en las manos de Dios. Eso demuestra humildad y un corazón de siervo.

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