Tipos De Sermones Cristianos Evangelicos
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EL PELIGRO DEL EXCESO DE EMOCIÓN http://www.iasdsanjudas.com/documentos/Libros-EP/Lavozeducacionyuso.pdf
Impresiones hechas por la Palabra de Dios, no por sentimientos.
Es por medio de la Palabra -no por sentimientos, ni excitación- como queremos
estimular a la gente para que obedezca la verdad. Sobre la plataforma de la
Palabra de Dios podemos estar en pie con seguridad. La Palabra viva está repleta
de evidencia, y un poder maravilloso acompaña su proclamación, en nuestro
mundo (3MS 428).
Predicación emocional.
Si la predicación es de un carácter emocional, afectará los sentimientos, pero no el
corazón y la conciencia. Este tipo de predicación no produce un bien duradero,
sino que, gana los corazones de la gente y atrae sus afectos hacia el hombre que
319 les agrada. Olvidan que Dios ha dicho: “Dejaos del hombre, cuyo aliento está
en su nariz” (5T 301).
Confianza en Dios, no en el hombre.
Sufro sin medida, al ver el poco discernimiento que existe entre nuestro pueblo,
que ha tenido una luz tan grande. Escuchan un sermón que conmueve sus
emociones, y el lenguaje de sus corazones es: “Dadnos cada vez más el
ministerio de este hombre; él conmueve nuestros corazones, nos hace sentir”.
Olvidan a Dios y alaban y exaltan al hombre, para su perjuicio y el perjuicio de sus propias almas. ¿Cuándo desistirán los que pretenden creer la verdad, de ir en pos
de pobres mortales? ¿Cuándo confiarán en Dios, y harán de él justamente lo que
él es el todo, en todo? (Carta 8. 1889).
La naturaleza temporal de las decisiones impulsivas.
Algunos ministros cometen el error de suponer, que el éxito depende de atraer una
gran con por la ostentación externa, y de dar luego el mensaje de verdad, de una
manera teatral. Pero esto es emplear fuego común, en vez del fuego sagrado
encendido por Dios mismo. El Señor no queda glorificado por esta manera de
trabajar. No es por avisos alarmantes y costosa ostentación, como ha de llevarse
a cabo su obra, sino usando métodos semejantes a los de Cristo (OE 397).
La verdadera inteligencia en la predicación.
Un hombre puede hablar en forma fogosa y complacer el 320 oído, pero no llevar
a la mente una idea nueva, o una verdadera inteligencia. Las impresiones
recibidas durante estas predicaciones, no duran más que el tiempo que se
escuche la voz del predicador. Cuando se busca el: fruto de esa labor, se
encuentra que es muy escaso (1T 447).
Uso afectado de la voz.
Algunos levantan la voz a, un tono muy afectado cuando hablan en el púlpito;
otros hablan muy rápido y la gente no puede escuchar lo que se dice. Esto resulta
en desastre para sí mismo, así como para los demás, porque el empleo antinatural
de su voz, resulta en perjuicio para los órganos vocales. Agotan su fuerza sin
necesidad, y hacen que sus esfuerzos sean penosos para la congregación. Los
tales deben ejercer dominio propio, esa cualidad tan esencial para ellos como
embajadores de Cristo, y vencer sus hábitos dañinos. Sí pudieran e hicieran esto,
dejarían una agradable impresión en la mente de los oyentes, y la predicación de
la verdad sería atractiva (RH 28.10-1890).
Intensidad sin emocionalismo.
Dios quiere que todos actuemos con serenidad y consideración, eligiendo palabras
que estén en armonía con la sustanciosa verdad para este tiempo, la que debe ser
presentada a la consideración de la mente, tan libre como sea posible de lo
emocional, aun conservando el fervor y la solemnidad que le corresponden.
Debemos precavernos contra los extremos, y guardarnos de 321 animar a
aquellos que quisieran estar en el fuego, o en el agua.
Os ruego que eliminéis de vuestras enseñanzas toda extravagancia, todo aquello
de lo cual pudieran aferrarse las mentes desequilibradas, y los que carecen de
experiencia para realizar acciones descabelladas, propias de personas inmaduras.
Es necesario que extreméis el cuidado en cada una de vuestras declaraciones, no
sea que encaminéis a alguien por una senda equivocada, creando una confusión
que sólo podrá ser resuelta a costa de ingente y penosa labor, desviando de esta
manera de su cauce, la fuerza y el trabajo de los obreros hacia actividades, que no
es el propósito de Dios que realicen. Una sola veta de fanatismo en nuestras filas,
cerrara muchas puertas de acceso a los más sanos principios de la verdad (TM
227 228). 322

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